A 4 días sin ti.

El amor eleva, crea la más hermosa sensación de agradecimiento con la vida… Pero, mi amor por ti me sepulta, me ahoga entre mi propio mar de lágrimas, ¿por qué te fuiste? Sé que no lo planeabas, que quizás no lo querías, ¿o sí? ¿Sabías cuánto yo te quería y quiero?
Yo sé que podías sentir mi cariño hacia ti en esos pocos abrazos de saludo y despedida cada vez que iba a visitarte, nunca serán suficientes, quisiera poder haberte dicho que te amaba como mi padre, eso fuiste, jamás te dije papá pero cómo te esforzabas en cuidarme, te alegrabas tanto cuando iba a visitarte, cuando te compré por primera vez esas papitas Sabritas, ¿lo recuerdas? Yo sí, a mi abuela no le gustó para nada que te cumpliera tu antojo, quizás no era lo mejor para ti comer chucherías, pero nunca lo hacías, ¿por qué no tener un gustito de vez en cuando? ¿Recuerdas que volví a llevarte una segunda vez? No sé qué cara habrá puesto mi abuela, seguramente no la mejor.
Ay, abuelito, mi tatita, cómo te reías cuando le hacía esos comentarios imprudentes a mi abuela, ella se enojaba y tú te reías ante su mirada que fulminaba, yo sé que tú también la amabas, pasaste toda tu vida a su lado, a nuestro lado.
¿Por qué nos dejaste? Mi mamá no ha dejado de llorar, diario te recuerda y se hunde en lágrimas, no puede evitar sentirse culpable si no va al panteón a visitarte, no ha pasado ni una semana, no tengo el valor para ir a tu casa a visitar a mi abuela… Ya no te veré sentado en la poltrona, o en la sala corriendo a abrirme la puerta, “Le hablaré a las muchachas”, decías con tu característica serenidad, no voy a poder entrar en esa casa de nuevo sin sentirme en un profundo abismo, ¿dónde vas a estar tú, tata?
He dicho varias veces que no puedo con esto, con la vida sin ti, “Sí puedes”, ¿y sabes qué? SÍ PUEDO, PERO NO QUIERO… No quiero lanzarte al olvido, no quiero superar tu partida, ¿cómo voy a querer dejar atrás lo más hermoso que he tenido en la vida? Siento que no te aproveché lo suficiente, no te abracé lo suficiente, no te demostré lo importante que siempre fuiste para mí. Maldita costumbre de dejar por sentado que tú lo sabías, ¿y si no? ¿Y si te fuiste pensando que te visitaba por compromiso? Jamás fue así,  jamás, siempre me causaba mucha paz verte, tu sonrisa es la más sincera que he visto en toda mi existencia, no hay alguna persona que me transmita esa paz, serenidad y amor con una mirada tranquila, con una sonrisa apenas visible…  No quiero ni voy a superar tu partida, he pensado que si en realidad estás en otro sitio, reunido con mi bisabuela, con tus hermanos, con mi tío Charo, si es así me gustaría ir en este mismo instante, prometo que ahora no te soltaría y te diría cuánto te quiero, te leería muchas historias y comeríamos tantas papitas como el estómago nos permitiera.

No puedo explicar la sensación que tuve al verte encerrado en ese ataúd, con los ojitos cerrados y pálido, pero incluso parecías estar dormido, te fuiste en paz… Pero todo el sufrimiento que pudiste haber pasado quedó encerrado dentro de mí, toda la culpa por no dedicarte el tiempo debido, por no agradecerte cuánto habías hecho por mí; me llena de rabia, de impotencia, de tristeza, saber que uno de tus más grandes sueños era verme graduada, estar para ir a mi graduación, por fin convertida en una maestra, me lo dijiste más de una vez, jamás voy a poder perdonarle a la vida quitarte ese gusto, voy a trabajar por ser la mejor, por demostrarte que lo haré por ti, sólo por ti. 
Me siento sin fuerzas, sin una sola pizca de iniciativa,  todo lo hago en automático. No logro reactivarme, es como si aquél día que mi abuela me habló llorando diciendo que te habías desmayado, ese día… Me apagué... Mi cuerpo reinició en automático, con una falsa e hipócrita actitud trabajadora, con una sonrisa de papel que se remoja con mis lágrimas al llegar a las cuatro paredes de mi cuarto, que se moja y rompe a pedazos sobre mi cara. 
Han pasado 4 días tata, te fuiste de nuestro lado por la tarde del 2 de Noviembre.



Esa tarde esperaba que llorando abrazada a tu poltrona de repente me levantaras y preguntarás qué hacía, luego me sentiría estúpida pero feliz, porque ahí estabas y sólo había sido una pesadilla, pero ahora, cada mañana que me levanto sé que desde el día de tu partida la pesadilla es mi vida, veo hacia el cielo y te siento, pero no me causa felicidad, te siento  tan cerca y a la vez tan lejos, sé que te llevaste una gran parte de mí porque me siento rota,  incompleta, si tú te lo llevaste lo acepto y estoy agradecida de que te hayas tomado la molestia, por esa razón puedo tratar de tolerar el dolor en el pecho, ¿te has llevado algo de mi corazón para hacer funcionar mejor el tuyo? MALDITO CORAZÓN TRAICIONERO… Te llevó sin previo aviso, te alejó para siempre, te quiero, tatita, te quiero tanto y siempre será así.


Comentarios