27.
Han pasado ya 27
días desde esa espantosa noticia, el vacío en mi pecho cada vez se hace más
grande y no puedo detenerlo… Ni siquiera he tenido el tiempo suficiente para
llorar hasta que mi cuerpo exija descanso, no he tenido el tiempo que quisiera
para seguir escribiéndote, ¿por qué es tan injusta la vida? Antes no tenía el
suficiente espacio para visitarte seguido, y ahora… Ahora soy esclava del
trabajo, soy prisionera de mi soledad, me siento culpable porque a veces creo
que el hombre que me ama debe soportar el fantasma de su novia, ausente aunque
su mano esté tomando la mía.
No puedo controlar cómo me siento, sé que nadie puede, pero ni siquiera hago el
intento, estoy demasiado cansada, demasiado herida, demasiado llena de dolor,
de lágrimas contenidas, de ausencia, de tu ausencia. Cómo quisiera poder verte
de nuevo, de alguna forma me transmitías esa paz, no era necesario hablar
horas, sólo sentir que me querías, que me extrañabas. Él me dijo que aún es
pronto para superarlo, me comprende, sabe que no tengo que olvidar tu partida,
pero sí aprender a recordarte sin que eso signifique apuñalarme directo en el
corazón.
Ayúdame a ser fuerte y aceptar que aunque no estés conmigo físicamente, de
alguna forma lo estarás, cuando he tenido miedo pienso en ti y te siento a mi
lado, observándome y apartando de mí todo mal, ojalá pueda ser lo
suficientemente inteligente y llenarme de fortaleza para que estés orgulloso de
mí, tata, cuánto te extraño, mi mamá se la vive en el panteón, contigo, y me
duele verla así.
Al fin tuve el valor de visitar a mi abuela, al ver tu poltrona sola, con polvo
y vacía, tuve que tolerar el doloroso golpe dentro de mí, algo se quebró,
siempre sucede cuando pienso en que ya no estás aquí, es tan difícil, tan, tan
difícil. No hay consuelo, pensé que de alguna forma el tiempo iría curándome,
pero no soy la misma, no lo seré jamás, no sin ti.
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